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Si tan bueno es el TTIP para los ciudadanos, por qué no nos lo cuentan

Parece el argumento de una mala película, pero desafortunadamente es real. Nuestros gobernantes en Europa están desarrollando un tratado de libre comercio con Estados Unidos (TTIP) que es alto secreto y no pueden informar a la ciudadanía. Ni siquiera los representantes que tenemos en el parlamento, y a los que hemos votado, pueden ver esos documentos con detenimiento para analizarlos y verificar si son tan buenos como nos quieren hacer creer. Como si fuese la Edad Media, sólo pueden entrar con lápiz y papel y un vigilante para que nadie ose entrar con un artilugio del siglo XXI con el que pueda hacer copias de extranjis. Y por si algún diputado tuviera memoria fotográfica les obligan a firmar un acuerdo de confidencialidad de 14 páginas (más de las que pueden copiar en hora y media) que les impide revelar nada de lo que allí lean. Ya sólo les hubiera faltado, como si fuese la novela “El nombre de la rosa”, haber instalado en los documentos un dispositivo que se activase al ser fotografiado o escaneado y así matar al que consiguiese acceder a los documentos por medios alternativos.

Todo ello nos hace pensar que si realmente el TTIP fuese bueno para la ciudadanía nuestros gobernantes serían transparentes y nos permitirían conocer su contenido e incluso aportar ideas para mejorarlo. Por eso, tanto secretismo nos hace sospechar que los beneficiarios de dicho tratado serán las multinacionales en detrimento de los ciudadanos. Y la prueba es que pretenden que cuando una multinacional encuentre una ley que no le gusta, en lugar de adaptarse y cumplirla (como hacemos todos los ciudadanos), podrán exponer su queja ante un tribunal independiente con el objetivo de incumplir la ley que no les guste.

SSV

Que no nos engañen. El objetivo del TTIP es igualar a los ciudadanos de ambos continentes escogiendo las leyes que dan más libertad a las multinacionales y más coartan a los ciudadanos. Esto es lo que ocurre cuando los políticos, vendidos a las multinacionales, comienzan a legislar sin tapujos en favor de los ricos y a costa de los humildes ciudadanos. Tanto es así que pretenden mantener en secreto el TTIP hasta cinco años después de su entrada en vigor. Entiendo que quieren prolongar el secreto para añadir leyes conforme los ciudadanos nos vayamos defendiendo de sus ataques a nuestros derechos.

Y no te quepa duda que así como nuestros representantes no pueden conocer el TTIP en profundidad, los lobbies de las multinacionales lo conocen al detalle y son los que dictan la letra de este nefasto tratado.

Y si piensas que las multinacionales son un dechado de virtudes recuerda los casos de Volkswagen y ahora Mitsubishi. Cómo manipulan los productos que venden para engañar el consumidor. Fácil es imaginar que si el TTIP estuviera en marcha se negarían a cumplir la legislación y buscarían ese tribunal de arbitraje que les permitiese saltarse la ley.

No sé si alguna editorial publicará mi novela “Adiós a los monopolios”, pero cada vez está más claro que tenemos que acabar con esos políticos que nos están vendiendo a las multinacionales con descaro. De nosotros depende seguir siendo ciudadanos o convertirnos en clientes sin voz ni voto.

 

Hacer que paguen impuestos las multinaciones

Uno de los argumentos de los medios AEDE para que Google les pague es que es una mala empresa que no paga impuestos en España. Si bien es cierto que no paga en España los impuestos que debería, ello no implica que ellos tengan que recibir ese impuesto. Sobre todo porque Google no es la única empresa que actúa de esa manera.

Desgraciadamente la viñeta expresa una gran verdad. En nuestra mano, presionando al gobierno, está el que hagamos pagar a las multinacionales los impuestos correspondientes a nuestro país.

El caso LuxLeaks ha puesto de manifiesto una vez más las estrategias que utilizan las multinacionales para evadir impuestos. Para entender un poco el asunto puedes leer este artículo publicado en El Confidencial. En esencia son fraudes que utilizan estrategias de matriz – filial para falsificar las cuentas y de este modo no pagar impuestos en el país donde se realizan los consumos a cambio de pagar un impuesto irrisorio en Luxemburgo. Por ejemplo, Disney declaró unos beneficios de 2.000 millones de euros y pagó solo 2,8 millones de impuesto. Esto es 0,14%. Estratosféricamente alejado del 29% que pagan las PYMES en Luxemburgo. O sea, pagó 207 veces menos que las empresas que realmente realizan actividad en el país.

Y los paraísos fiscales actúan de modo semejante. Tienen leyes de secreto bancario de tal manera que cuando un juez comienza a investigar en España no puede avanzar porque le ocultan información. Se habla de prohibir  los paraísos fiscales, pero esto es algo complicado de hacer. Yo había pensado que se prohibiese en España la actividad de empresas que tuvieran filiales o cuentas bancarias en paraísos fiscales. Pero aquí el problema es que la gente se enfadaría por no adquirir los productos de su deseo.

El Reino Unido ha propuesto cobrar el 25% de los beneficios que empresas como Google obtengan en el país. El problema es cómo determinar esos beneficios, pues las multinacionales falsean las cuentas.

El objetivo es conseguir que las multinacionales dejen de operar con paraísos fiscales y con países que hacen acuerdos secretos. Por eso mi propuesta es la siguiente. El gobierno debe cobrar el 25% de los ingresos de la filial española. Algunos dirán, es mucho. Sí. Pero lo pueden evitar con la transparencia de sus cuentas y dejando de operar en paraísos fiscales. ¿Y cómo definimos los paraísos fiscales? Pues como aquel país que tiene una ley de secreto bancario y que se niega a informar de las transacciones bancarias de sus clientes cuando se lo solicita un juez.

De esta manera los ciudadanos obtendrían los productos de su deseo y las multinacionales realmente pagarían impuestos en los países en los que sí desarrollan su actividad. Si todos los países de Europa, Estados Unidos y los principales países asiáticos pusieran esta ley probablemente los paraísos fiscales quebrarían por falta de clientela.